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Cartelera septiembre 2019

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La casa del terror te espera en Ghostland

Cuando escuchas las palabras "cine francés" te imaginas Amelie, una comedia romántica o cine existencialista independiente. Por eso, cuando se ponen a hacer burradas, se ponen a hacer burradas de las bestias. Supongo que para algo inventaron el Nuevo Extremismo Francés.

Saludos, Paul Laugier y progenie

Repito, La película es una auténtica salvajada y muy desagradable. Y eso que apenas hay sangre. Avisados estáis.



La historia es más simple que una piedra atada a un cordelito: Pauline (Mylène Farmer) y sus dos hijas Beth (Emilia Jones) y Vera (Anastasia Philips) se mudan a una casa aislada. Llega un camión de dulces con un tipo que se cree un bebé (Rob Archer) y otro que se cree su madre (Kevin Power) y las asaltan. Diez años más tarde, Beth es una escritora de éxito, mientras Vera tiene graves secuelas emocionales del ataque. Beth regresa a la casa familiar...

La trama gira en torno al escape de la casa. Y ya está. No hay que buscarle más pies al gato: Oscuridad, sustos de repente de los de "¡zooooom!" -algunos concatenados en menos de 10 segundos-, las idas de olla de Beth y su director, un ritmo algo a trompicones y una casa adornada con muñecas de porcelana.

¿Qué motivos hay para verla? Simple y llanamente, porque hace mucho tiempo que una película no hacía que se te encogiese el corazón y estar en completa tensión corporal por lo que pudiera pasarle a esta gente. Porque las protagonistas aunque solo corren, gritan y lloran, hacen un trabajo terrorífico (especialmente las jovencitas). Porque los ataques son brutales en todos los sentidos. Porque la casa llena de muñecas da un miedo que te pasas. Porque se las apañan para engañarte cruelmente durante más de 10 minutos. Y porque tiene un final de esos catárticos vía Deux ex Machina en los que le gritas a la pantalla "¡Por fin!" y "¡Toooooma!", algo que no suele pasar con los slasher, menos los protagonizados por adolescentes-jóvenes.



Por favor, que alguien le prenda fuego a esa casa. Y a las muñecas también.

Y que alguien me regale esa máquina de escribir.


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